Chile Vencerá

Roberto Álvarez Quiñones

GÉNESIS IMPERIALISTA DEL GOLPE FASCISTA EN CHILE

"Washington Office
L-Street NW
NGTON -DC- 20036

Personal and Confidential
Mr. Gerrity

Here is our report on the chilean situation and what we have accomplished over the weekend

W. R. Merriam
Date: September 14/1970"

Con este encabezamiento, William R. Merriam, vicepresidente de la International Telephone and Telegraph Corporation (ITT, el octavo monopolio más grande de los EE.UU.), a cargo de la oficina de Washington, transmitió a Edward J. Gerrity, vicepresidente general de la ITT, un detallado informe secreto que sus funcionarios en Santiago de Chile y en Washington le habían enviado en torno a la "situación chilena", sólo diez días después de que Salvador Allende resultara triunfador en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre. (1)

En este informe, un alto funcionarlo de la ITT an Washington y oficial de la CIA, Jack Neal, relata todas las gestiones que hizo, tal y como le ordenaron, y sus resultados. Expresa que se comunicó con la oficina de Henry Kissinger en la Casa Blanca; que habló con Charles Meyer, secretario adjunto para Asuntos Latinoamericanos, y con John Mitchel, secretario de Justicia, a los efectos de tomar "medidas urgentes" para impedir que Allende fuese nominado presidente por el Congreso, el día 24 de octubre.

Este informe y otros trentiséis documentos secretos, que fueron sustraídos no se sabe cómo por el periodista Jack Anderson y publicados en la prensa norteamericana a mediados de 1972, cosa que causó gran escándalo mundial, constituyen un elocuente y fiel testimonio de la participación directa y activa del gobierno de los Estados Unidos, la CIA y los pulpos transnacionales de bandera yanqui, como la ITT, en la contrarrevolución fascista que comenzó a gestarse desde el momento mismo en que Allende ganó los comicios presidenciales de septiembre de 1970.

En el presente trabajo pretendemos dar a conocer fragmentos importantes de algunos de estos documentos, en los cuales puede apreciarse nítidamente su vinculación con hechos posteriores de los que, por supuesto, no hay testimonio por escrito disponibles. El último de estos documentos data del 18 de noviembre de 1970.

A partir de entonces, esta siniestra maquinaria imperialista contrarrevolucionaria y golpista fue adquiriendo caracteres extraordinarios, y su culminación, tres años después, fue el derrocamiento bestial del legítimo gobierno de la Unidad Popular, el asesinato del querido presidente Salvador Allende, y la más inaudita represión que recuerde el pueblo chileno en toda su historia.

En la estrategia global contrarrevolucionaria del imperio yanqui y sus cómplices criollos, la primera gran consigna fue la de impedir por todos los medios que Allende fuese designado presidente por el Congreso.

El 17 de septiembre de 1970, tres días después de emitido el informe citado al principio, dos viejos agentes de la CIA, Hal Hendrix y Roberto Berrellez, director de Relaciones Públicas de la ITT y director de Relaciones con Latinoamérica con sede en Buenos Aires, respectivamente, moviéndose ya con sigilo por las calles de Santiago de Chile enviaron un exhaustivo informe a Edward Gerrity, en el que vaticinaban la elección de Allende como presidente en el Congreso, "debido a que una porción de la democracia cristiana que sigue a Radomiro Tomic probablemente votará por Allende en la Cámara y el Senado".

En su informe del día 17, Hendrix y Berrellez ponen al descubierto la intervención directa del propio Nixon en la génesis del golpe fascista en Chile:

"Tarde en la noche del martes 15 el embajador Edward Korry recibió finalmente un mensaje del Departamento de Estado, dándole luz verde para actuar en nombre del presidente Nixon. El mensaje le dio autoridad máxima para hacer todo lo posible, menos una acción de tipo República Dominicana, para impedir que Allende tome el poder [...]

¿Son capaces los militares chilenos de habérselas con violencia a través de todo el país, o con una guerra civil? Sobre esto la opinión en Santiago está dividida. Korry ha dicho que considera a las Fuerzas Armadas un «lote de soldaditos de juguete».

Chilenos bien informados y algunos consejeros norteamericanos creen que el ejército y la policía tienen esa capacidad. Sabemos que el stablishment militar norteamericano ha asegurado al ejército plena asistencia material y económica [... ]

Korry comenzó a maniobrar con la democracia cristiana, el Partido Radical, el Partido Nacional y otros chilenos, en cuanto se conocieron los resultados de la elección. No ha dejado a Frei tranquilo un momento, hasta el punto de decirle que «se ponga los pantalones» [...]

Matte (2) dijo que las Fuerzas Armadas están de acuerdo sobre el grave peligro para la democracia que implica la llegada al poder de Allende. Están de acuerdo en que debe ser detenido.

Sin embargo, los dirigentes de las Fuerzas Armadas y Frei prefieren una salida constitucional, o sea, la elección de Alessandri en el Congreso, lo que no excluye la violencia espontánea o provocada.

Una solución constitucional, por ejemplo, podría resultar de desórdenes internos masivos, huelgas, guerrillas urbanas y rurales. Esto justificaría moralmente una intervención de las Fuerzas Armadas por un periodo indefinido.

Dijo Matte que los militares tienen planes contingentes listos para hacer operaciones de cualquier magnitud que sean necesarias. Dijo que Frei está preocupado por el daño a su imagen en el Hemisferio; le preocupa que pudiera convertirse, como han dicho los brasileños, en el Kerensky de la América Latina.

Se le preguntó a Matte si se le podría convencer asegurándole el más pleno apoyo de Washington. Lo pensó un rato y finalmente dijo que eso ayudaría [...]

Matte no mencionó dinero ni ninguna otra necesidad. Al final, cuando se mencionó que estábamos, como siempre, listos para contribuir con lo que fuera necesario, dijo que se nos avisaría."

Finalmente, el informe expone una serie de recomendaciones, entre las que incluye:

"1) ayudemos a mantener un centro de reubicación familiar en Mendoza o Buenos Aires, para las mujeres y niños de los personajes claves implicados en la lucha. Esto comprendería a unas cincuenta familias durante un periodo de un mes a seis semanas, tal vez dos meses;

2) apliquemos cuanta presión podamos sobre la USIS en Washington para que dé instrucciones a la USIS de Santiago de que comience a mover los editoriales de El Mercurio alrededor de la América Latina y hacia Europa.

3) insistamos con la prensa clave europea, a través de nuestros contactos allá, para que publiquen la versión de los desastres que caerían sobre Chile si Allende y compañía ganaran este país".

Con la primera fase de la magna conspiración reaccionaria ya en plena marcha, "Evitar que Allende sea presidente", el 29 de septiembre mister Gerrity envía al presidente mundial de la ITT, Harold S. Geneen, una carta en la que le recomienda la inclusión de sabotajes económicos de todo tipo en la estrategia contrarrevolucionaria antichilena.

El influyente H. S. Geneen debía consultar y solicitar el apoyo directo de la Casa Blanca, a través de Kissinger, para de esta forma extender el plan subversivo a todas las grandes corporaciones y consorcios del imperio.

"Después de su llamada de ayer", dice Gerrity, "tuve noticias de Washington, y un representante me visitó esta mañana. Era el mismo hombre que usted encontró con Merriam hace algunas semanas. Discutimos la situación en detalles e hizo sugerencias basadas en recomendaciones de nuestro representante en la escena y análisis en Washington."

Estas recomendaciones, entre otras, eran:

"1) Los bancos no deben renovar los créditos, o deben demorarse en hacerlo.

2) Las compañías deben demorar en mandar dinero, hacer entregas, despachar repuestos, etc.

3) Las compañías de ahorro y préstamos de allá tienen problemas. Si se les presiona tendrían que cerrar sus puertas.

4) Debemos retirar toda ayuda técnica. Las compañías que puedan hacerlo deben cerrar sus puertas."

Ese mismo día, 29 de septiembre, Bob Berrellez remite desde Santiago de Chile un informe a su jefe inmediato superior, Hal Hendrix, en el que después de comunicarle que "parece casi seguro que el marxista Salvador Allende será confirmado por el Congreso como el nuevo presidente de Chile", añade:

"Una esperanza más realista entre las que desean detener a Allende es la de que una economía en rápido deterioro provoque una ola de violencias que desemboque en un golpe militar. El presidente Frei quiere detener a Allende y lo ha dicho a sus íntimos. Pero quieren hacerlo constitucionalmente, o sea, a través ya de un vuelco a voto del Congreso o de una crisis interna que requiera intervención militar."

En su resumen final, Berrellez concluye:

"A pesar del pesimismo, continúan los esfuerzos para mover a Frei y/o a los militares a actuar para detener a Allende. También continúan los esfuerzos clandestinos para lograr la quiebra de una o dos de las asociaciones de ahorro y préstamo más importantes. Se espera que esto desencadene un pánico bancario y el cierre de algunas fábricas, lo que provocará un mayor desempleo.

El desempleo y la intranquilidad masivos podrían producir suficiente violencia para obligar a los militares a moverse."

Al día siguiente, 30 de septiembre de 1970, Gerrity le comunica a William R. Merriam los detalles de una conversación sostenida por Jack Guilfoyle nada menos que con William Broe, director general de la CIA para la América Latina, y Enno Hobbing, alto oficial de la CIA:

"Hobbing fue visitado ayer por Gregorio Amunátegui, un representante de Alessandri. Gregorio había llegado de Santiago y su mensaje para Hobbing era «mantener la calma», «no hagamos olitas», «estamos progresando».

Esto está en directa oposición a lo que Broe recomendó. Ya llamaré más tarde para discutir la reacción de HSG (Harold S. Geneen, jefe máximo de la ITT) sobre algunos detalles. El estuvo de acuerdo conmigo en que la sugerencia de Broe no era realizable."

Gerrity no aclara cuál fue la sugerencia que el director de la CIA para la América Latina le había hecho.

Sin lugar a duda, tales directivas del alto mando de la CIA se ejecutaron. Hay que recordar, por ejemplo, el atentado en el que resultó muerto el jefe del Ejército, general Rene Schneider, a sólo dos días de la reunión del Congreso para la designación del presidente de Chile. Este atentado se planeó como un intento de secuestro que obligaría a decretar el estado de sitio y a posponer la reunión plena del Congreso.

Todo parece indicar que en opinión de la ITT era esta la última carta que debía jugarse, pero no el 29 de septiembre, cuando aún tenían esperanzas de impedir la asunción de Allende por otros métodos menos escandalosos y espectaculares, los cuales, además, ofrecían mayores posibilidades de enmascarar la participación directa de los Estados Unidos en el asuntos.

Mientras tanto, el mismo 30 de septiembre, Jack Neal le transmite un informe a William Merriam en el que lo pone al corriente de la situación, según los últimos reportes de sus agentes en Santiago:

"La probabilidad, desgraciadamente fuerte, de que Allende asuma el poder es bien conocida del Departamento de Estado y la Embajada en Santiago. Así, avisados, debemos esperar que la Administración Nixon esté preparada para moverse rápidamente y presionar a Allende."

Con fecha 7 de octubre de 1970, William Merriam, alarmado, le escribe a Gerrity que todo el mundo prevé una victoria de Allende en el Congreso, "salvo que se produzca algún milagro de último momento". Y luego agrega: "el Departamento de Estado dice que podría detenérsele (a Allende) si Frei se plantara con firmeza y dejara de tratar de hacer el Hamlet, queriendo pasar a la historia como el gran demócrata".

Dos días después, el 9 de octubre, el propio William Merriam le remite un exhaustivo informe a John McCone, exdirector general de la CIA y actual miembro de su alto mando, desde su cargo en el ejecutivo de la ITT. Este informe se explica por sí solo:

"Por sugerencia de Ned Gerrity le adjunto una síntesis de un informe recién recibido de nuestra gente en Latinoamérica. Pienso que lo encontrará interesante.

Hoy he almorzado con nuestro contacto en la Agencia McLean y he sintetizado para usted los resultados de nuestra conversación. El todavía está muy, pero muy pesimista acerca de la derrota de Allende cuando se efectúe la sesión del Congreso el 24 de octubre. Se continúa tomando contactos para reclutar miembros de las Fuerzas Armadas en un intento para que adelanten algún tipo de levantamiento [...] Quedé bastante sorprendido al saber que en la opinión de este hombre [el alto oficial de la CIA] la administración de Nixon tomará una línea muy, pero muy dura, siempre y cuando Allende sea elegido. El me asegura que esta vez el Presidente [Nixon] le ha dado una cuidadosa mirada a la situación y está preparado para actuar después de los hechos. Esto es lo primero confortable que he oído."

A medida que iban pasando los primeros días de octubre de 1970, el plan conspirativo antichileno se cumplía al pie de la letra, pero no se obtenían los resultados propuestos. Los dirigentes de los partidos de la Unidad Popular, la Central Única de Trabajadores y los medios informativos de izquierda, denunciaban diariamente cada paso de la vasta contrarrevolución que se desataba para impedir que el Congreso nominara a Allende como presidente de Chile.

Fue entonces cuando la CIA y sus secuaces en Chile decidieron echar a. andar la segunda fase de la conspiración: tratar de provocar un golpe de Estado militar. De fracasar este segundo intento, quedaría entonces la tercera y más ambiciosa etapa del plan sedicioso, a más largo plazo: la organización de un golpe militar ya con el gobierno de la Unidad Popular en funciones.

El 16 de octubre, ocho días antes de la reunión del Congreso, Hal Hendrix envía desde Santiago de Chile un urgente informe a su jefe Gerrity, en el que lo pone al corriente de la situación:

"A menos que haya un movimiento por parte de los militares disidentes, a mediados de la próxima semana, el consenso en Santiago es que Salvador Allende triunfará fácilmente en el pleno del Congreso del 24 de octubre y asumirá la presidencia el 4 de noviembre.

Las posibilidades de un golpe de Estado son magras, pero existen, por lo menos a la fecha.

Una figura clave de esta posibilidad es el ex general de brigada Roberto Viaux, quien en octubre del año pasado encabezó una insurrección de miembros del Regimiento de Artillería 1.

Sin lugar a duda, Viaux se estaba preparando para lanzar un movimiento la semana pasada. En Chile había rumores desenfrenados, que se propagaron hasta Buenos Aires, de que se lanzaría un golpe el 9 o 10 de octubre.

Es cierto que, la semana pasada, Washington dio instrucciones a Viaux de echarse atrás. Se tenía la impresión de que no estaba suficientemente preparado, que estaba desfasado en el tiempo y que debería «enfriarse» para una fecha posterior no determinada.

Emisarios le indicaron que si se movía prematuramente sería comparable a una Bahía de Cochinos en Chile.

Como parte de la persuasión para demorar el golpe, se le dieron a Viaux seguridades verbales de que recibiría asistencia material y apoyo de los EE.UU. y otros países para una maniobra posterior. Debe hacerse notar que, posteriormente, amigos de Viaux informaron que él se inclinaba al escepticismo frente a las ofertas verbales.

Mientras, Viaux ha estado conferenciando con oficiales de alto y bajo rangos sobre la necesidad de tomar algunas medidas para evitar que Allende se convierta en presidente. Tiene ofertas de apoyo de varios, pero, desgraciadamente, no las tiene de ninguno de los comandantes de tropas claves, por lo menos en lo que conocemos."

Cobra hoy, tres años después, una extraordinaria importancia este testimonio de la participación directa del gobierno de Nixon en la conspiración, y sobre todo, de la instrucción que, se asegura, Washington le dio al fascista y agente de la CIA, Viaux Marambio: "debería enfriarse para una fecha posterior no determinada".

Más adelante, el agente Hendrix analiza otros aspectos de la situación.

"Allende tomó una línea firme y dura con el Partido Demócrata Cristiano, una vez que tuvo la seguridad de que tenía por lo menos veinticinco de los votos del Partido en el bolsillo, para asegurarse la elección.

Filtraciones de algunas de estas sesiones indican que Allende está hondamente preocupado por el estado comatoso de la economía chilena. Es peor de lo que pensó al principio. Las condiciones comerciales se están empeorando, crece el desempleo y continúa la fuga de capitales [...]"

(Vale la pena hacer un breve paréntesis para observar cómo se plasma aquí una elocuente muestra del fariseísmo imperialista y su filosofía pragmática de "sólo es verdad lo que me es útil". Se recordará cómo cuando Allende asumió la presidencia . todos los organismos financieros internacionales controlados por los EE.UU. suprimieron y bloquearon por completo los créditos al gobierno de la Unidad Popular. Dijeron entonces que el gobierno popular era responsable de la "mala situación económica de Chile". Sin embargo, este documento secreto yanqui prueba que la Unidad Popular heredó una economía en estado "comatoso", responsabilidad exclusiva de la administración demócratacristiana de Eduardo Frei.)

El 20 de octubre, noventiséis horas antes de la reunión plena del Congreso, Hendrix vuelve a comunicarse con Gerrity y le expresa:

"Hay ahora una resignación general de que Allende ganará fácilmente en el Congreso. Es casi seguro que tomará posesión el 4 de noviembre.

Las posibilidades de un golpe disminuyen cada día más, pero cierto personal militar continúa esperando que el exgeneral Roberto Viaux encabece una acción militar contra el especulador que no cumple sus compromisos, el presidente Eduardo Frei, antes del 4 de noviembre, para colocar a las fuerzas armadas en el poder, y así impedir que Allende llegue a la presidencia.

El reventón entre el embajador Korry y su superior en el Departamento de Estado [Charles Meyer] ha llegado ahora al punto de que trata directamente con la Casa Blanca y no siempre comparte su información e instrucciones con el Departamento de Estado. Korry estuvo en Washington la semana pasada para consultas, y se suponía que regresaría a Santiago el último fin de semana. Pero se ha quedado en la zona de Washington y Nueva York por un corto tiempo.

En resumen hay poca indicación ahora en Chile de cualquier resto de resistencia, salvo el batacazo de un golpe militar."

Al día siguiente, el receptor de toda esta información citada, Edward Gerrity, envía una urgente nota a Los Angeles dirigida a John McCone. Gerrity le aclara al exdirector general de la CIA que se está desarrollando el programa contrarrevolucionario por etapas, tal y como sugirieran McCone y el alto mando de la CIA:

"Se acompaña una síntesis de la situación que discutimos ampliamente la semana pasada. Está basada en informaciones de varias fuentes, incluyendo observaciones persona- les de Hal Hendrix y Bob Berrellez, de mi equipo, quienes estuvieron recientemente en el lugar de los hechos. Hendrix está ahora de vuelta en Nueva York y Berrellez ha regresado a Buenos Aires.

Estamos desarrollando el programa por etapas, como fuera sugerido en nuestras discusiones. Lo pondré al día en un futuro cercano."

En efecto, veinticuatro horas después, la segunda fase de esta etapa del plan conspirativo tuvo su punto culminante, con el atentado en el que resultó mortalmente herido el general Rene Schneider. Hoy, ni el más ingenuo de los observadores políticos osa dudar de que este atentado fue la última carta que la CIA y sus cómplices criollos jugaron en esta fase del plan sedicioso. Se sabe que esta acción se planeó como un secuestro que obligaría a decretar el estado de sitio y a posponer la reunión del Congreso.

Finalmente, el día 22, a sólo cuarentiocho horas de la reunión del Congreso, todos convinieron en que había que ejecutar la acción, y así lo hicieron. El intento de secuestro falló debido a la resistencia que opuso el general Schneider, y rápidamente los ejecutores cumplieron la variante ya prevista: balearon salvajemente al general, quien murió tres días después.

El 25 de octubre, o sea, al día siguiente de la ratificación presidencial de Allende en el Congreso, Berrellez le envía desde Santiago un informe a Hal Hendrix en el que se lamenta de que, pese al atentado, no se produjera el golpe militar: "contra lo que todos esperaban, los militares no se movieron contra Allende durante el fin de semana. Se creía que el asesinato de Schneider era el preludio del golpe".

Sin llegar a decir por lo claro que el atentado fue planeado y dirigido por el fascista exgeneral Viaux Marambio, Berrellez le advierte a Hendrix en su informe quo la opinión pública en Santiago está convencida de que

"la confabulación se manejó desde dentro del ejército, pues el trabajo fue demasiado profesional para civiles corrientes [...]. Se piensa que si los balazos a Schneider no fueron realmente el preludio al golpe, fueron una hábil maniobra para eliminar de las alturas al único hombre que habría permitido a Allende infiltrar y neutralizar al Ejército.

La eliminación del general Rene Schneider de un puesto clave en el Comando, hace a Allende aún más vulnerable que antes. Se ha señalado que el general Schneider es favorable a Allende. Se sabe que continuamente bloqueó los esfuerzos golpistas de generales más decididos."

De inmediato, Berrellez llama la atención de Hendrix sobre el hecho de que el sucesor de Schneider, el general Prats, no es fascista, y que ello trae nuevos problemas: "el general Carlos Prats se presenta como políticamente moderado, un profesional que no tolerará interferencia externa a las Fuerzas Armadas".

Fracasado ya el intento de provocar un golpe de estado que impidiese la reunión del Congreso y la nominación de Allende como presidente, la ultra-derecha y los fascistas comenzaron a maniobrar para que el golpe de estado se produjese antes del 4 de noviembre, fecha en que el nuevo presidente constitucional debía tomar posesión del cargo.

No obstante, la decisión definitiva de lanzarse al golpe de estado ya no contó con el apoyo de Washington, por cuanto resultaba extremadamente difícil enmascarar la participación de los Estados Unidos, y porque la situación no era aún lo suficientemente "grave" como para que un golpe pudiese aparecer sólo como un movimiento exclusivo de los militares chilenos para "salvar al país del caos".

Los acontecimientos posteriores evidencian que la Casa Blanca optó por esperar más tiempo, de manera que se desarrollase una coyuntura más favorable. Mientras tanto, decidió intensificar el boicoteo económico y financiero.

Apenas cinco días después del último informe de Berrellez, la frustración y la irritación de Hendrix devino furia vengativa contra el Departamento de Estado, por no haber apoyado en aquel momento el golpe militar.

El 30 de octubre, Hendrix remite un extenso documento al vicepresidente de la ITT, Gerrity, personaje influyente en las altas esferas de la política norteamericana, en el que califica a Charles Meyer de "cobarde y estúpido", y lo culpa de la "pasividad" del Departamento de Estado en los trajines golpistas citados. "Durante los últimos dos años y medio", dice Hendrix, "a pesar de su gran encanto personal, elegancia e ingenio en las funciones sociales [Meyer] ocupa el lugar más alto en la escala como el más débil subsecretario de los últimos tiempos, por lo menos durante mis veintidós años de contacto con esa área [...]"

Luego de expresar que Meyer "sólo tiene relaciones secundarias y terciarias con el Presidente", el viejo caimán Hendrix propone que se recomiende "al más alto nivel" la sustitución de Charles Meyer, y que este se reintegre a su cargo ejecutivo en la Sears-Roebuck.

Por supuesto, la nada modesta opinión de la ITT fue decisiva, y a Meyer, efectivamente, lo relevaron de su cargo varios meses después. Lo sustituyó Jack Kubisch.

Esta arremetida de la ITT contra el Departamento de Estado no fue inconsulta, ni obra personal de uno o dos altos ejecutivos de este tenebroso pulpo imperial. Algunos días antes, el 23 de octubre, William Merriam, en su condición de persona influyente en la Casa Blanca, había escrito una larga carta 'personal and confidential' a Henry A. Kissinger, principal asesor de Nixon y segundo hombre de a bordo en el gobierno de los Estados Unidos, en la cual había criticado abiertamente los errores cometidos por el gobierno de Washington, y le había expuesto la necesidad de que los Estados Unidos revisasen a fondo y endureciesen toda su política hacia la América Latina.

Creemos conveniente reproducir los párrafos más significativos de este documento ferozmente imperialista, que pocos días más tarde respondió Kissinger con ostensible gratitud.

"Los diez años de adverso rumbo de intranquilidad política y militar de Latinoamérica culminaron recientemente en Chile, donde un declarado marxista, el doctor Salvador Allende, fue elegido presidente. El mundo libre fue sacudido, y la empresa privada extranjera, todavía tambaleante por el dañino trato en el Perú y Bolivia, quedó en completo abandono para proteger sus inversiones.

Los políticos de Washington hace sólo pocos meses usaban a Chile como símbolo democrático. Ahora son incapaces de predecir cómo las políticas marxistas del doctor Salvador Allende afectarán al pueblo de Chile, a sus derechos democráticos y a su economía.

Lo que ha ocurrido en Chile enfrenta a los EE.UU. con la realidad latinoamericana. El gobierno marxista chileno justifica una inmediata revisión de nuestra política latinoamericana.

Un informe reciente del Congreso manifiesta que más de ocho mil millones de dólares han sido canalizados hacia Latinoamérica de fuentes oficiales de los EE.UU. durante los últimos siete años, con sólo modestas visibles ganancias en desarrollo.

Los movimientos de gobiernos radicales están retardando el desarrollo. Los capitalistas locales no tienen confianza, los inversionistas extranjeros rehúsan entrar en un mercado hostil, el prestigio de la banca internacional ha llegado a un mínimo.

Al igual que el informe del Congreso, yo también siento que estamos en una encrucijada, porque debemos decidir nosotros mismos no sólo si debemos regresar a los principios fundamentales en que se fundó esta nación, sino también si vamos a permanecer firmes para la democracia, por el bienestar de aquellos amigos nuestros en Latinoamérica que han basado sus esperanzas y aspiraciones en nuestro poderío.

En vista de las desmedidas amenazas que el doctor Allende hizo antes de su elección, no debe haber vacilación por parte de los EE.UU. para confrontar al nuevo presidente, respecto de la acción que resultará por parte del gobierno de los EE.UU. en caso de que siga adelante con sus amenazas."

Seguidamente, el influyente magnate señala cuáles deben ser estas medidas, entre las que incluye una urgente reunión del embajador yanqui en Chile con Allende, para "meterle miedo". También sugiere que se llame a todos los embajadores latinoamericanos acreditados en los EE.UU. y ante la OEA, y que se les imponga de la "firme postura" de Washington frente a Allende. Finalmente, agrega:

"Sin informar al presidente Allende, todos los fondos de ayudadle los EE.UU. ya comprometidos en Chile deberían ser colocados "bajo revisión" para que el ingreso de dinero a Chile se detenga temporalmente, con miras a un corte permanente si fuera necesario. Ello incluye a los fondos ya en circulación, cartas de créditos, y cualquier otro de este tipo."

Dos semanas después, Kissinger, luego de haber examinado detenidamente la carta de Merriam, agradeció a éste su cavernaria misiva, con una breve nota:

"Casa Blanca:
Washington
9 de noviembre de 1970

Estimado Mr. Merriam:

Muchas gracias por su carta del 23 de octubre y los papeles adjuntos sobre la política de los Estados Unidos hacia Latinoamérica. Los he leído cuidadosamente y los he enviado a aquellos miembros de mi plana mayor que tienen atingencia con materias latinoamericanas. Es una gran ayuda contar con sus ideas y recomendaciones, y, por cierto, las tomaremos en cuenta. Le agradezco se haya tomado el tiempo de hacérmelas llegar.

Con mis mejores deseos,
Henry A. Kissinger".


Notas.

1. Utilizamos materiales aparecidos en Documentos secretos de la ITT. Santiago de Chile, Empresa Editora Nacional Quimantú Ltda., 1972.

2. Arturo Matte Larraín, cuñado de Alessandri y presidente del poderoso grupo económico Matte.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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