Chile Vencerá

Peter Weiss

VEINTITRÉS DE SEPTIEMBRE DE MIL NOVECIENTOS SETENTITRES

Cuando Marcos Ana después de veintitrés años de cautiverio
salió de la prisión de Burgos,
llevaba consigo un libro, camuflado bajo una cubierta religiosa:
los poemas de Neruda.
Marcos, uno entre las decenas de miles que tras la guerra revolucionaria española
cayeron en las cárceles falangistas, era un hombre joven
cuando le pasaron un libro de hojas manoseadas,
lleno de nombres de camaradas que habían sido conducidos al pelotón de ejecución.
Repetidas veces, como todos los otros, había bebido las palabras de Neruda,
la voz de la Esperanza, de la Liberación.

Cuando Che Guevara fue asesinado en la Quebrada del Yuro
por los lacayos de los latifundistas bolivianos,
llevaba en la mochila su última lectura:
la gran canción, el Canto general de Neruda.

Cuando Pablo Neruda yacía enfermo, en estos luctuosos días de septiembre,
allanaron los verdugos su casa de Santiago,
la del Cerro San Cristóbal,
rompieron lo que encontraron, devastaron su jardín,
pero cuando un poco antes de medianoche, un domingo, el veintitrés de este mes,
yacía con los ojos abiertos, porque quería ver, comprender
su propia muerte,
había ya muchos hombres reunidos para propagar su palabra de Esperanza, de Liberación.

Y cuando lo llevaban a la tumba, había ya unos centenares en torno a él,
y pronto fueron mil, rodeados por mercenarios bien armados,
y primero suavemente, luego con fuerza y decisión,
entonaron la Internacional en Santiago,
en un Chile pasajeramente ocupado
por el fascismo, por el imperialismo.

Septiembre de 1973.

(Traducción de Francisco J. Uriz)


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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